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Los 3 cerditos , cuentos cortos para niños

04/01/2020

 

En una temporada en que los cerdos podían charlar y absolutamente nadie había oído charlar del tocino, vivía una vieja cerda madre con sus 3 hijos pequeños.

Tenían un hogar realmente agradable en la mitad de un bosque de robles, y eran todos tan felices como el día era largo, hasta el momento en que un triste año la cosecha de bellotas fracasó; entonces, de verdad, la pobre señora cerda de forma frecuente debía trabajar duro para llegar a los dos extremos.

Un día llamó a sus hijos y, con lágrimas en los ojos, les afirmó que debía mandarlos al ancho planeta para buscar su fortuna.

Los besó a todos y los 3 cerdos emprendieron el viaje, cada uno de ellos tomando un camino diferente y llevando al hombro un bulto colgado en un palo.

El primer cerdo no había ido lejísimos ya antes de encontrarse con un hombre que llevaba un manojo de paja; de esta manera le dijo: “Por favor, hombre, ¿me das esa paja para edificarme una casa?” El hombre era bondadosísimo, conque le dio el manojo de paja, y el cerdo edificó una linda casa con él.

Apenas terminada, y el cochinito pensando en irse a la cama, llegó un lobo, llamó a la puerta y dijo: “Cerdo, cerdo, permíteme entrar”.

Mas el cerdo rió suavemente y respondió: “No, no, por el pelo de mi barbilla”.

Entonces el lobo afirmó severamente: “Te voy a hacer que me dejes entrar; por el hecho de que voy a soplar, y resoplaré, y voy a hacer volar tu casa”.

Entonces sopló y resopló, y sopló su casa, por el hecho de que, como ven, era solo de paja y demasiado liviana; y cuando sopló la casa, se comió al cerdo, y no dejó ni tan siquiera la punta de su cola.

El segundo cerdo asimismo se halló con un hombre, y llevaba un manojo de pieles; con lo que el cerdo afirmó cortésmente: “Por favor, afable hombre, ¿me vas a dar ese peluche para edificarme una casa?”

El hombre estuvo conforme, y el cerdo se puso a trabajar para construirse una casa agradable antes que llegase la noche. Apenas estaba terminada cuando el lobo llegó y dijo: “Cerdo, cerdo, permíteme entrar”.

“No, no, por los pelos de mi barbilla -respondió el segundo cerdo.

“Entonces voy a soplar, y voy a soplar, y voy a volar tu casa!” afirmó el lobo. Entonces sopló y resopló, y resopló, y resopló, y al final voló la casa y tragó al cerdo en un periquete.

Ahora, el tercer cerdo se halló con un hombre con una carga de ladrillos y mortero, y dijo: “Por favor, hombre, ¿me vas a dar esos ladrillos para edificar una casa?”

El hombre le dio los ladrillos y el mortero, y asimismo una pequeña paleta, y el cerdo se edificó una linda y fuerte casa. Tan pronto como estuvo terminada, el lobo vino a llamar, como había hecho con los otros cerdos, y dijo: “¡Cerdo, cerdo, permíteme entrar!”

Mas el cerdo respondió: “No, no, por el pelo de mi barbilla”.

“Entonces”, afirmó el lobo, “resoplaré, y voy a soplar, y voy a volar tu casa”.

Bueno, resopló, y resopló, y resopló, y resopló, y resopló, y resopló; mas no pudo bajar la casa. Al final no le quedó aliento para soplar y resoplar, con lo que se sentó fuera de la casa del cerdo y pensó por un rato.

En ese instante gritó: “Cerdo, sé dónde hay un bonito campo de nabos”.

“¿Dónde?” afirmó el cerdo.

“Tras la casa del granjero, a 3 campos de distancia, y si estás listo para mañana por la mañana te voy a llamar, y también vamos a ir juntos a desayunar”.

“Realmente bien”, afirmó el cerdo, “me aseguraré de estar listo”. ¿A qué hora deseas iniciar?”

“A las 6 en punto”, respondió el lobo.

El sabio cerdo se levantó a las 5, se fue corriendo al campo y trajo a casa un buen cargamento de nabos antes que llegase el lobo. A las 6 en punto el lobo vino a la casa del cerdo y dijo: “Cerdo, ¿estás listo?”

“¡Listo!” chilló el cerdo. “Vaya, he estado en el campo y he vuelto hace un buen tiempo, y ahora estoy ocupado hirviendo una olla llena de nabos para el desayuno.”

El lobo estaba muy disgustado, mas decidió capturar al cerdo de un modo o bien otro, conque le afirmó que sabía dónde había un bonito manzano.

“¿Dónde?” afirmó el cerdo.

“En torno a la colina en el huerto del escudero”, afirmó el lobo. “Conque si me prometes que no me engañarás, voy a ir a procurarte mañana por la mañana a las 5, y también vamos a ir juntos a buscar unas manzanas de mejillas rosadas”.

Por la mañana siguiente, el cerdo se levantó a las 4 y se fue mucho antes que llegase el lobo.

Mas la huerta estaba lejísimos, y además de esto debía escalar al árbol, lo que es bastante difícil para un cerdo, de forma que antes que el saco que había traído consigo se llenase completamente, vio al lobo acercándose a él.

Estaba horriblemente atemorizado, mas creyó que era mejor ponerle buena cara al tema, conque cuando el lobo dijo: “Cerdo, ¿por qué razón estás acá ya antes que ? ¿Son bonitas las manzanas?” respondió enseguida: “Sí, mucho; te voy a tirar una a fin de que la pruebes”. Conque cogió una manzana y la tiró tan lejos que mientras que el lobo corría a procurarla, tuvo tiempo de saltar y salir corriendo a casa.

Al día después, el lobo volvió a venir, y le afirmó al cerdo que iba a haber una feria en el pueblo esa tarde, y le preguntó si iba a ir con él.

“¡Oh! sí,” afirmó el cerdo, “voy a ir con mucho gusto. ¿A qué hora vas a estar listo para comenzar?”

“A las 3 y media”, afirmó el lobo.

Como es lógico, el cerdo comenzó mucho ya antes de tiempo, fue a la feria, y adquirió una mantequera grande y fina, y estaba trotando con ella en su espalda cuando vio venir al lobo.

No sabía qué hacer, conque se metió en la mantequera para ocultarse, y de este modo comenzó a rodar.

Bajó la colina, rodando una y otra vez, con el cerdo chirriando dentro.

El lobo no podía meditar en lo que podía ser la cosa extraña que rodaba por la colina; conque viró la cola y se fue corriendo a casa atemorizado sin ir jamás a la feria. Fue a la casa del cerdo para decirle lo atemorizado que estaba por una enorme cosa redonda que pasó rodando por la colina.

“¡Ja! ¡Ja!” se rió el cerdito; “conque te atemoricé, ¿eh? Había estado en la feria y adquirí una mantequera; en el momento en que te vi me metí en ella y rodé colina abajo”.

Esto hizo que el lobo se enfureciera tanto que declaró que se comería al cerdo, y que nada lo salvaría, pues brincaría por la chimenea.

Mas el taimado cerdo colgó una olla llena de agua sobre el hogar y después hizo un fuego candente, y justo cuando el lobo bajaba por la chimenea, quitó la cubierta y el lobo cayó. En un segundo el cerdo había vuelto a poner la tapa.

Entonces hirvió al lobo y se lo comió para la cena, y tras eso vivió apacible y de forma cómoda sus días, y jamás más fue molestado por un lobo.