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La araña y la pulga | Historias para niños

02/01/2020

 Una araña y una pulga vivían juntas en una casa y elaboraban su cerveza en una cáscara de huevo. Un día, cuando la Araña la estaba agitando, se cayó y se escaldó. A partir de entonces la Pulga comenzó a gritar. Y entonces la puerta preguntó: “¿Por qué gritas, Pulga?”
“Porque la pequeña araña se ha escaldado en la bañera de cerveza”, respondió ella

En ese momento la puerta comenzó a crujir como si estuviera en dolor; y una escoba, que estaba en la esquina, preguntó: “¿Por qué cruje la puerta?”

“¿No puedo crujir?” respondió:

“La pequeña araña se escaloña a sí misma,

Y la Pulga llora.”

Así que la escoba comenzó a barrer industriosamente, y en este momento un pequeño carro se acercó, y preguntó la razón.

“¿No puedo barrer?” respondió la escoba:

“La pequeña araña se escaloña a sí misma,

Y la pulga llora;

La puertecita cruje con el dolor,”-

Ahí está el carrito que decía: “Así correré”, y comenzó a correr muy rápido, pasando por un montón de cenizas, que gritaban: “¿Por qué corres, carrito?”

“Porque”, respondió el carrito:

“La pequeña araña se escaloña a sí misma,

Y la Pulga llora;

La puertecita cruje con el dolor,

Y la escoba barre.”

“Entonces”, dijeron las cenizas, “me quemaré furiosamente” Ahora, después de las cenizas creció un árbol, que preguntó: “Pequeño montón, ¿por qué te quemas?”

“Porque”, fue la respuesta:

“La pequeña araña se escaloña a sí misma,

Y la Pulga llora;

La puertecita cruje con el dolor,

Y la escoba barre;

El carrito se enciende tan rápido,”-

“¿Por qué no puedo?” dijo el árbol:

“La pequeña araña se escaloña a sí misma,

Y la pulga llora;

La puertecita cruje con el dolor,

Y la escoba barre;

El carrito se enciende tan rápido,

Y las cenizas se queman.”

Entonces la doncella dijo: “Si es así, romperé mi jarra”, y la tiró al suelo y la rompió

En esto el arroyo, del cual ella sacó el agua, preguntó:

“¿Por qué rompes tu jarra, mi pequeña niña?”

“¿Por qué no puedo?” respondió ella; para

“La pequeña araña se escaloña a sí misma,

Y la pulga llora;

La puertecita cruje con el dolor,

Y la escoba barre;

El carrito se enciende tan rápido,

Y las cenizas se queman;

El arbolito sacude sus hojas-

¡Ahora es mi turno!”

“Ah, entonces,” dijo el arroyo, “ahora debo empezar a fluir.” Y fluía y fluía a lo largo, en un gran arroyo, que se hacía cada vez más grande, hasta que al final se tragó a la niña, al arbolito, a las cenizas, al carro, a la escoba, a la puerta, a la Pulga y, por último, a la Araña, todos juntos.