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El pastorcito | Cuentos cortos para niños

02/01/2020

Habia una vez  un tiempo en que había un pastorcillo que era famoso en todas partes por las respuestas sabias que daba a todas las preguntas.

El Rey del país oyó hablar de este muchacho, pero no quiso creer lo que se decía de él, así que se le ordenó que viniera a la corte.

Cuando llegó el Rey le dijo:

“Si puedes darme respuestas

a cada una de las tres preguntas que te haré ahora, te criaré como a mi propio hijo, y vivirás aquí conmigo en mi palacio.”

“¿Qué son estas tres preguntas?” preguntó el chico.

“El primero es: ¿Cuántas gotas de agua hay en el mar?

“Mi señor rey”, respondió el pastorcillo, “que se tapen todas las aguas de la tierra, para que ni una sola gota corra al mar antes de que yo la cuente, y entonces te diré cuántas gotas hay en el mar”

“La segunda pregunta,” dijo el Rey,

“es: ¿Cuántas estrellas hay en el cielo?

“Dame una hoja grande de papel”, dijo el muchacho; y luego hizo en ella con un alfiler tantos agujeros diminutos que eran demasiado numerosos para verlos o contarlos, y deslumbró los ojos de quien los miraba. Ya está hecho, dijo: “Hay tantas estrellas en el cielo como agujeros en este papel; ahora cuéntalas.” Pero nadie fue capaz. En ese momento el Rey dijo: “La tercera pregunta es: ¿Cuántos segundos hay en la eternidad?”

“En la Baja Pomerania se encuentra la montaña de diamante, de una milla de altura,

una milla de anchura y una milla de profundidad;

y allí viene una ave una vez cada mil años que frota su pico contra la colina, y, cuando el conjunto sea frotado, entonces pasará el primer segundo de la eternidad.”

“Has respondido a las tres preguntas como un sabio -dijo el Rey-, y de ahora en adelante vivirás conmigo en mi palacio, y te trataré como a mi propio hijo.”