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Cómo el rinoceronte se puso la piel | Historias para niños

02/01/2020

Cómo el rinoceronte se puso la piel | Historias para niños

En una época, en una isla deshabitada a orillas del Mar Rojo, vivía un parsi de cuyo sombrero se reflejaban los rayos del sol en un esplendor más que oriental.
Y el parsi vivía junto al Mar Rojo con nada más que su sombrero y su cuchillo y una estufa de cocina del tipo que particularmente nunca debes tocar. Un día tomó harina y agua, pasas de Corinto, ciruelas, azúcar y otras cosas, y se hizo una torta de un metro de ancho y un metro de grueso.
Era de hecho un Superior Comestible (eso es magia), y lo puso en la estufa porque él se le permitió cocinar en esa estufa, y lo cocinó y lo horneó hasta que estuvo todo marrón y con un olor muy sentimental.
Pero justo cuando se lo iba a comer, bajó a la playa desde el Interior Deshabitado un rinoceronte con un cuerno en la nariz, dos ojos de cerdo y pocos modales. En aquellos días la piel del rinoceronte le quedaba muy ajustada.

No había arrugas en ninguna parte.

Se veía exactamente como un rinoceronte del Arca de Noé, pero por supuesto mucho más grande. De todos modos, no tenía modales entonces, y no tiene modales ahora, y nunca los tendrá.
El parsi dejó ese pastel y subió a la cima de una palmera sin nada más que su sombrero, en el que los rayos del sol se reflejaban siempre en un esplendor más que oriental.
Y el Rinoceronte trastornó la estufa de aceite con su nariz, y la torta se enrolló en la arena, y pinchó esa torta en el cuerno de su nariz, y la comió, y se fue, agitando su cola, al interior desolado y exclusivamente deshabitado que colinda con las islas de Mazanderan, Socotra y los Promontorios del Equinoccio Mayor.
Entonces el Parsi bajó de su palmera y puso la estufa en sus patas y recitó lo siguiente Sloka, que, como no habéis oído, procederé ahora a relatar:-

Los que toma los pasteles
Que el hombre parsimonioso hornea
comete errores espantosos.

Y había mucho más en eso de lo que se podría pensar.

Porque, cinco semanas después, hubo una ola de calor en el Mar Rojo, y todo el mundo se quitó toda la ropa que tenía. El parsi se quitó el sombrero; pero el rinoceronte se quitó la piel y la llevó sobre el hombro cuando bajó a la playa para bañarse.

En aquellos días se abotonaba por debajo con tres botones y parecía un impermeable. No dijo nada sobre el pastel del parsi, porque se lo había comido todo; y nunca tuvo modales, ni desde entonces ni en adelante. Se metió de lleno en el agua y le salieron burbujas por la nariz, dejando su piel en la playa.

 

En este momento el parsi se acercó y encontró la piel, y sonrió una sonrisa que recorrió toda su cara dos veces. Luego bailó tres veces alrededor de la piel y se frotó las manos… Luego se fue a su campamento y llenó su sombrero con migas de torta, porque el parsi nunca comió nada más que torta, y nunca barrió su campamento.

Tomó esa piel, y sacudió esa piel, y frotó esa piel, y frotó esa piel tan llena de migas viejas, secas, rancias, cosquilleantes y algunas pasas de Corinto quemadas como siempre pudo posiblemente sostener. Luego subió a la cima de su palmera y esperó a que el rinoceronte saliera del agua y se lo puso.

 

Y el Rinoceronte lo hizo.

Lo abotonó con los tres botones y le hizo cosquillas como las migas de un pastel en la cama. Luego quiso rascarse, pero eso lo empeoró; y luego se acostó en la arena y rodó y rodó y rodó, y cada vez que rodó la torta, las migajas le hicieron cosquillas cada vez peores.

Luego corrió a la palmera y se frotó y se frotó y se frotó contra ella. Frotó tanto y tan fuerte que se frotó la piel en un gran pliegue sobre los hombros, y otro pliegue debajo, donde solían estar los botones (pero se frotó los botones), y se frotó algunos pliegues más sobre las piernas. Y eso arruinó su temperamento, pero no hizo la menor diferencia con las migas de pastel.

Estaban dentro de su piel y le hacían cosquillas. Así que se fue a casa, muy enfadado y terriblemente irritado; y desde ese día hasta hoy cada rinoceronte tiene grandes pliegues en su piel y muy mal genio, todo por culpa de las migas de torta que hay dentro.

Pero el parsi bajó de su palmera, llevando su sombrero, del cual los rayos del sol se reflejaban en un esplendor más que oriental, empacó su estufa y se fue en dirección a Orotavo, la Amígdala, los prados de Anantarivo y los pantanos de Sonaput

Esta Isla deshabitada
Está cerca del Cabo de Gardafui,
Por las playas de Socotra
Y el Mar Arábigo Rosa:
Pero hace mucho calor desde Suez
Para los que nos gusta a ti y a mí
Para ir
En un P. y O.
Y llama al Cake-Parsee!